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Los verdaderos cuentos

Esta Semana Santa venimos a uno de los muchos maravillosos hoteles en Cancún, donde todas las personas dejan la realidad a un lado y viven en una fantasía por el tiempo que sea que estén aquí.

En este lugar es difícil no vagar en nubes altas cuando toda la belleza del mundo recopilada se resume en un poema de dos estrofas, una encontrándose bajo la arena blanca hecha de polvo de coral y la segunda estando dentro del mar turquesa, cuyo color brilla hasta en las horas de la noche.

playa

Al estar una tarde sentados en el balcón de nuestra habitación tomando una copa de un excelente vino blanco, mi esposa me comentó que la vista que tenemos enfrente parece del cuento de “La sirenita”, debido a su belleza extrema.

Al escuchar esto simplemente sonreí en aprobación, sabiendo que el gran paisaje que se encontraba frente a nosotros era uno que inspiraba nada más que felicidad pura y tranquilidad inquebrantable, cuando en realidad, el cuento de “La sirenita” es un relato melancólico y triste, aunque me gustaría decir que es uno de los relatos más bonitos que haya leído en los días de mi vida, ya que el  autor logra capturar, a mitades del siglo pasado, los misterios del océano que hoy en día conocemos parcialmente, con una prosa tan bella que me marcó de por vida después de haberla leído.

Es necesario decirles, queridos amigos, que los cuentos de hadas que vemos en las películas de Disney, donde el final es feliz para todo el tiempo por venir, no son las versiones reales de los cuentos de hadas escritos por autores cuyas vidas fueron tristes, solitarias y trágicas.

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A su vez, debo decirles que los cuentos de hadas originalmente no fueron escritos para los niños, sino para los adultos y para aquellos cerca del final de la vida, quienes quisieran ser recordados de aquello que hay más allá de lo que el ojo ve y muy cerca de lo que el corazón  y el alma perciben.

Los cuentos de hadas tuvieron un fuerte impacto en los núcleos familiares que fungían no como entretenimiento, sino como una enseñanza de carácter muy serio, además de que el carácter mágico de los cuentos de hadas se exaltaba debido a las circunstancias dentro de las cuales estos se relataban.

Esto es debido a que la convivencia en el medievo era muy distinta a la que tenemos hoy en día, ya que durante el verano era muy escasa, debido a que toda la familia (en la clase plebeya) se levantaban antes que el sol para trabajar la tierra y se dormían al caer éste, dejando poco tiempo para convivir.

Sin embargo, durante los largos y obscuros meses de invierno (que podían durar hasta ocho meses) nadie trabajaba debido al tremendo frío y la familia vivía de lo que habían cultivado durante los meses de luz.

Era durante estos tiempos de obscuridad y crudo frío cuando las familias se sentaban enfrente del fuego a contar aquellas historias que habían recibido de los muchos ermitaños, quienes vagaban solos por el bosque rezando y ayunando por las almas de los hombres y mujeres de este mundo.

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Los cuentos de hadas que antes habían sido relatos de los sabios, cambiaron de genero durante la Revolución Industrial, cuando el tiempo de una persona ahora pertenecía a alguna fabrica o algún patrón y ya no había tiempo para la reflexión, por lo que los cuentos pasaron a los niños como un sillón viejo del cuarto de los padres despojado de su misión.

Sin embargo, grandes autores como Hans Christian Andersen (1805-1875) recuperaron por un tiempo el valor real de los cuentos.

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