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La felicidad incondicional

Hace poco fui a un evento escolar de uno de mis hijos, donde habrían de mostrar a los padres todo lo que habían aprendido a lo largo del año y al estar sentado en una de las bancas escolares, me percaté de algo bastante interesante, algo que me ha perseguido a mí y a muchas personas a través de su vida.

Se trata de la incansable búsqueda de la absoluta felicidad, que llene mi camino de laureles de oro y  me exente de todo sufrimiento.

felicidad

Desde que somos pequeños nos han enseñado nuestros padres, así como los padres de estos, que la felicidad depende de los resultados de nuestras acciones.

Cuando íbamos a la escuela nos esmerábamos de una manera extraordinaria para sacar buenos resultados en nuestras materias, a modo de no ser ejecutados por nuestros padres y para poder tener las mayores libertades como resultado de esto.

Al llegar la secundaria y la preparatoria, lo único que nos interesaba era poder salir los fines de semana sin problema alguno, para divertirnos desenfrenadamente en las noches y descansar durante el día, un círculo que hacía del lunes una verdadera pesadilla.

En la universidad, nuestro objetivo óptimo era el obtener buenas notas para poder viajar sin problemas, así como para poder conseguir un buen empleo saliendo de nuestras instituciones.

A comienzos de nuestra vida profesional queremos avanzar en nuestras carreras lo más posible, poder hacernos de suficiente dinero para contraer matrimonio con una mujer bonita  y decente, quien nos pueda dar  unos hermosos hijos a quienes podamos disfrutar y quienes, a su debido momento, nos den muchos nietecitos.

Al ser un poco más grandes, nuestra felicidad yace en poder dar a nuestros hijos todo lo necesario para que puedan crecer y prepararse para convertirse en hombres de bien.

Al pasar un poco más el tiempo, entonces comenzamos a preocuparnos y a basar los pilares de nuestra felicidad en nuestro buen estado de salud, algo que habíamos olvidado por mucho tiempo.

Al pasar más el tiempo, comenzamos a perder a nuestros amigos que se adelantaron y comenzamos a entender que pronto nosotros también nos iremos, probablemente no en mucho tiempo y comenzamos a basar nuestra felicidad en el  aquí y hoy, viendo claramente qué es lo único que verdaderamente tenemos.

Este modo de vida es uno, de cierta manera, natural; sin embargo, a su vez es uno de completa esclavitud ante las circunstancias que nos rodean, haciéndonos prisioneros de factores externos, de los que no tenemos ningún control.

Sin embargo, cómo seria la vida si pudiésemos lograr que nuestra felicidad no esté sujeta a nada más que a nuestra propia alma, dependiendo solo de la naturaleza y del estado de ésta.

Para lograr esto, el ser humano tendrá que lograr encontrar refugio dentro de las profundidades y eternidad de su alma, para de este modo hacer de la vida un espacio donde la felicidad crezca en todos los árboles del reino de nuestra existencia.

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