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Alma negra
Luis Jorge Boone
Corazón de mierda Gonzalo Lizardo
México, Era-Conaculta, 2007,
128 p.
ISBN 978-968-411-657-3
El Candingas, carne de reclusorio y delincuencia juvenil, es el protagonista de la más reciente novela de Gonzalo Lizardo, quien construye una historia de caídas y pozos negrísimos, alumbrados, eso sí, por la más tenue luz al final del túnel
Si bien la novela Jaque perpetuo (México, Era, 2005) no significó el debut literario de Gonzalo Lizardo, sí fue ésta la que le valió visibilidad. Dueño de una de las prosas más exquisitas de su generación y de un imaginario que rebasa por mucho las convenciones de la literatura fantástica, Lizardo ha dado el paso que procura todo narrador consciente de encontrarse en el límite de su poética: poner a prueba sus recursos y, en un desmarque del propio estilo, emprender el tour de force que lo obligue a reinventar la propia escritura.
Así nace Corazón de mierda, un duro testimonio de los años más oscuros de un delincuente juvenil apodado el Candingas, hábil con las máquinas pero torpe con las mujeres malas y sus venenos, cuya perdición quedará sellada por su relación con uno de los peores delincuentes de los años sesenta: Ricardo Olmedo Ríos.
La destructiva personalidad del narrador parece originarse en sus traumas infantiles: descree de las mujeres debido a que su madre prefería entregarse a destajo a taxistas y mecánicos que cuidar de sus hijos; se enamora de una cabaretera de sangre caliente y cabeza fría porque su padre los abandonó por otra mujer nocturna; su carencia de familia lo arroja a la pandilla que apreciará su habilidad de cerrajero infalible; el vacío que dejó su padre será llenado por el peor candidato, un profesor de educación física, galán de barrio, mitómano, atleta silvestre y dueño de un descapotable que deslumbra a los muchachos de Peralvillo que integrarán su banda de malhechores.
Así comienza la educación sentimental (y sobre todo criminal) del Candingas, quien escapa de su casa para unirse a Ricardo Olmedo y sus secuaces, dedicados a desvalijar coches en las colonias bien del centro-sur de la ciudad de México con el consentimiento de Filiberto Fonseca, comandante del servicio secreto de la procuraduría capitalina.
Pero la avaricia de Olmedo perderá a la banda, cuan-do intente dar un golpe a espaldas de su protector. Así, el ambicioso plan perfecto de asaltar una camioneta de la tesorería arroja saldo rojo: una accidentada persecución, la pérdida del botín, un policía asesinado por la Colt 45 del Candingas, toda la banda presa y Ricardo Olmedo que no dura mucho tiempo prófugo de la ley.
Es en la prisión de Lecumberri donde todo empieza a ponerse peor. Personajes oscuros atribuyen sus errores al deplorable ambiente de la cárcel: Roberto Isaiah Smith, el negro Bob, ex reverendo, guitarrista y homicida que habla con dios mientras controla sus instintos asesinos tocando la guitarra; Grifaldo Méndez, “rey del palacio negro”, quien controla el tráfico de la droga junto al gringo Godzilla, su sicario privado; Melvin López, otrora guardaespaldas de un mandatario cubano, cuyos dólares atesorados ayudarán a Ricardo Olmedo a iniciar un negocio que compita con el de Grifaldo; y Pilar, la “novia” del Candingas, quien introduce la droga a la cárcel mediante una visita conyugal que envenena el cuerpo y el alma del narrador.
“Ricardo Corazón de Perro, soberano del purgatorio, amo de las ánimas delincuentes” es quien sacrifica a los miembros de su banda para hacerse del control de la cárcel, quien llena de privilegios las celdas, quien carga a sus secuaces con el pesado lastre de la lealtad callada, quien traiciona al Candingas al fugarse a sus espaldas. Esta servidumbre, así como la cantidad insoportable de poder que Olmedo ha acumulado, habrá de desencadenar la serie de venganzas que tendrán lugar al final de la novela.
Contada con una voz aguardentosa capaz de metáforas punzantes y un tono sarcástico cuyo primer blanco es la disimulada nostalgia que el protagonista siente por su tormentoso pasado, Corazón de mierda es el relato de una caída. Sin embargo, sus últimas páginas revelan que aun en el camino de la perdición es posible conservar suficiente cordura para desear un final apacible, para anhelar un bálsamo inmerecido que alivie tanta herida acumulada. Pero las cosas no siempre se resuelven para bien. Aun así, un personaje como el Candingas celebraría lo mismo cualquier desenlace con su risilla de bato loco.
Luis Jorge Boone es poeta y narrador. Recientemente publicó su primer libro de cuentos, La noche caníbal (México, fce, 2008)
en mi infancia visite lecumberri. quien dejo en mi una huella profunda por
sus personajes, ahora que veo la novela mi interes por lecumberri y sus
historias, las cuales no todas tuvieron un negro final, renace. GRACIAS.